En relación a lo que está aconteciendo a nivel mundial, no podemos esconder la obvia preocupación que nos genera tanto a nivel personal como profesional. Hay que ser consecuente con la situación y se debe ser extremadamente cauto ya que han quedado patentes las consecuencias de no actuar así. En todo caso, en nuestro ámbito automovilístico, afectado de raíz, se deben analizar los hechos, los datos, para poder decidir, actuar y seguir adelante. No se acaba aquí el automovilismo, esa es la buena noticia. Pero hay que planificar y asegurar cada paso que se dé a partir de ahora porque entramos en terreno desconocido. Por ello, la intención del presente artículo de opinión personal, se ciñe al análisis de los diferentes frentes involucrados, tendencias y si cabe, dar un poco de luz a un futuro tan incierto.

A todos nos encontró el COVID19 con el pie cambiado. Personalmente, lejos quedan los primeros días del año en los que un compañero de Shanghai me pedía por favor, si le podía enviar unas mascarillas que compré como cualquier otra cosa por internet. Días mas tarde me decía que esto “no era ninguna broma” y que nuestro trabajo allí esta temporada se vería afectado. Teníamos 3 proyectos diferentes y apasionantes, merced a los resultados obtenidos en la pasada temporada: TCR, con una nueva versión de coche MG y motor para homologar, Rallycross, equipando toda la parrilla de motores y CTCC, volviendo al equipo donde tantos éxitos cosechamos entre 2012 y 2016. De manera optimista, piensas que el alcance será limitado, como anunciaban nuestros “expertos”. Error. Todo está congelado y sin perspectivas de correr este año. Recordemos que China ya está anunciando su apertura escalonada. Otra cosa es lo que la gente esté haciendo realmente allí: Quedarse en sus casas. El “esto no es una broma” aparece una y otra vez en la mente.

A nivel europeo y mundial, hoy estamos hablando de campeonatos tan consolidados como el DTM alemán donde se empiezan a pensar anular la temporada. Si, Alemania, el país europeo menos azotado por esta crisis sanitaria. Campeonatos FIA tan robustos como la Fórmula 1 han dado bandazos costosos, donde cancelaron la primera carrera cuando ya estaba todo el material y gran parte del personal en Melbourne. La OMS ya había recomendado ni siquiera plantearlo, pero se pueden permitir esos errores de reacción tardía porque tienen caja.

Otro campeonato grande, el WRC canceló la última jornada del Rally de Méjico ante el aluvión de críticas ya que todo el mundo tenía los ojos puestos en ese rally. Menos mal que Ogier, con toda la lógica, se atrevió a poner el grito en el cielo cuando afirmó que no se tenía que haber celebrado. No estamos en esos contextos ni mucho menos, porque eran los comienzos de la pandemia, pero si son un claro ejemplo de la necesidad de actuar sin titubeos con más cautela que corazón o ambición, ya que las consecuencias derivadas tanto personales como económicas de una decisión incorrecta y tardía, pueden ser desproporcionadas. Otro campeonato internacional como el TCR, ha ido revisando su calendario en una clara evidencia de no tener idea ni sintonía con lo que está pasando realmente. La imagen que se da cambiando calendarios cada semana transmite una inseguridad e improvisación que poco favor le hace.

En nuestra región, importadores y concesionarios han tenido un parón en seco de un día para otro sin previo aviso. No se trata de la crisis financiera de 2008 donde se perdía fuelle con el tiempo y había más tiempo de reacción. Aquí ha se ha parado absolutamente toda la venta, servicio y alquiler. Aunque los talleres están abiertos, nadie se atreve a llevar coches al taller. Obligados por la situación, han tenido que presentar sus correspondientes ERTE a las plantillas, amén de una burocracia injustificada y aguantar estoicamente el chaparrón ante un ambiente confuso de ayudas y recelo por las medidas adoptadas, que no vamos a analizar porque daría para mucho más y tampoco soy el más indicado para tratar de ello. En cuanto al alquiler, es sencillo y contundente. No hay alquiler porque no hay turismo. Cero.

Con todo esto y teniendo en cuenta que el pilar capital del automovilismo deportivo en nuestra región se basa en la venta, servicio y alquiler de coches, vemos que desaparece el sustento principal de éste deporte. De acuerdo, hay equipos y pilotos que puedan tener su presupuesto cerrado y ganas de correr. Pero no es el momento cuando hemos pasado de las 20.000 víctimas y las empresas sobre las que se apoya el tablero de juego de las carreras están en un cero absoluto, eso si, pagando sus costes a la espera de ver la salida de una situación que nadie es capaz de vislumbrar. No toca correr.  No es fácil decir esto cuando has movido cielo y tierra para montar un proyecto de salir en el Rally que pasa por la puerta de tu casa con un coche ganador de un campeonato de España de rallyes. Nada me hacía más ilusión y el que me conoce, sabe que abandoné todo por vivir precisamente de las carreras y salir de esa casa hace justo ahora 20 años. No es lo que toca ahora ni al menos, hasta navidades, según nuestro presidente del gobierno.

Empezar a pensar que éste año no habrán carreras es un escenario más que posible. No se resolverá la situación en 6 meses que quedan de temporada cuando no tenemos la situación controlada ahora mismo y se habla que no abrirán los bares y restaurantes hasta la temporada navideña -Pedro Sánchez dixit-. Las empresas que queden, tendrán que abrir gradualmente en un ambiente de total incertidumbre cuando se acabe el confinamiento re-extendido y prolongable indefinidamente que tenemos. Lo de la recuperación en “V” lo dejo para otros entendidos, pero la gente no gastará un dinero que no tiene, en el minuto 1 después de abrir la puerta de casa.

Como en toda situación, hay salidas. Si bien es cierto que las reglas cambiarán y el automovilismo tal y como lo conocíamos cambiará para siempre, podemos decir que no es el fin de las carreras. No se nos puede borrar de un plumazo la “fiebre” automovilística a todos los enfermos de carreras y buena cuenta da mi amigo y piloto Dusan Borkovic que pasó 8 meses en su sótano durante la guerra de Serbia donde solo pensaba en salir para subirse al kart. De momento, una salida para tantos pilotos y aficionados está siendo el “Sim Racing”, simuladores o video juegos, como se quieran denominar. Espacios virtuales donde están quedando pilotos de todas las categorías para seguir en contacto con el deporte, aunque si es cierto que nunca sustituirá al motorsport a pie de pista o tramo, pero es más que nada. Animo al que no lo haya probado a que lo intente. Lo bueno que tiene es que no hay que desembolsar una cantidad tan elevada como para salir a una carrera real. Recuerdo ahora cuando cambiaba mis propios datos de Curitiba en 2010 con los de Norbert Michelisz, último campeón del WTCR…

Carreras de verdad volverán a haber, aunque muchos no volverán a hacerlas, otros muchos comenzarán. Pero si es necesario hacerlas con todas las garantías, cuando todos los implicados tengan la cabeza puesta en lo que atañe al devenir de la prueba en cuestión y no en guardar la distancia con el compañero o en recordarse a si mismo el uso de la mascarilla. Habrán carreras cuando hayamos superado el dolor de los que se han ido y habrán carreras cuando los pilares fundamentales de éste deporte antes mencionados, se hayan recuperado de éste duro golpe que han recibido y haya retornado todo el personal que han tenido que dejar en casa durante todo éste tiempo. Pretender lo contrario no es más que una temeridad egoísta.

A modo de inciso pero un interrogante interesante y en clave macro económica en medio de ésta situación afecta a los fabricantes y estrategias marcadas por los gobiernos hace tiempo: ¿Se congelará la “histeria eléctrica” que se promovía antes de la pandemia? Si pensamos que el mayor productor de cobalto refinado del mundo, el material clave para la construcción de vehículos eléctricos procede, como el COVID19, de China, que a su vez compra en África el material base, sin entrar a analizar las condiciones laborales ni medioambientales dadas para su extracción. Parece ser que el gigante asiático se encuentra contra las cuerdas ahora mismo cuando el resto de líderes de tan dispar opinión como Trump o Macron cuestionan la transparencia de lo que realmente ha pasado allí y nos afecta ahora aquí.

Otra perspectiva de movilidad que cambiará será la movilidad colectiva tal como empezábamos a conocerla, tan práctica en el centro de Londres, Tokio o Hong Kong. Hoy ni si quiera se nos pasaría por la cabeza usarla por lo arriesgado que supondría. ¿A dónde íbamos?.

Estaría bien un replanteamiento del uso de las energías, en principio, “verdes” que no lo son tanto y dejar de comprar la idea del eléctrico como única solución que nos salvará de la autodestrucción. Lo que está claro es que al planeta le ha sentado mejor un mes de paro absoluto que llenarlo de vehículos que emiten todas sus emisiones antes de tocar la calle. Quizás sería mejor seguir perfeccionando una tecnología que se venía evolucionando desde hace mas de un siglo y tenía una sostenibilidad lógica.

Desde ese punto y conectando otra vez con el ámbito local, no estaría mal que un gobierno regional o nacional, impulsara mediante mecanismos diversos a su alcance como la fiscalidad, la insularidad y las subvenciones, la necesaria renovación del parque automovilístico canario. El más antiguo de España y por extensión, de Europa. Facilitando la adquisición de nuevos vehículos más eficientes, menos contaminantes a la vez que más seguros. Eso si sería un acto de buena voluntad, con “V”, para obtener una rápida recuperación del eje principal en el que se sustentan las carreras en nuestra región. Entonces sí, haríamos buenas carreras de verdad. Con “V».

 

Conrado Ávila
Ingeniero Motosport